December 21, 2010
Ahora sí: bienvenido Mourinho.

Desde su llegada a Madrid, José Mourinho se ha vuelto el centro de todos los focos, y no sólo de los medios, sino de futbolistas, fanáticos, ex-jugadores, colegas y hasta del vendedor de la esquina.

Cuando el portugués abandonó el Inter de Milán (luego de ganar todo lo que pudo) e incluso cuando se anunció su llegada al conjunto blanco, se vió a un Mourinho de perfil bajo (muy contrario a la fama que tenía), con mucha disposición a adaptarse al club o, mas bién, de adaptar al club a su filosofía. Retomó la tradición de las concentraciones, dió un horario de entrenamiento, se encargó de dictar cuando y quién de su plantilla iba a dar declaraciones, se le complacieron sus peticiones en la plantilla (que muchas, sino todas, han atinado).

Ahora, a seis meses de su llegada, se puede separar la postura de Mou en dos ‘épocas’: pre-clásico y post-clásico.

El Mourinho que se veía antes del batacazo del 29 de noviembre era un tipo de una polémica “regular”. Sus declaraciones más fuertes eran criticas que, si bien ciertas, no iban a lugar y que cuando no apuntaban a los blaugrana (por ejemplo, la crítica a Manolo Preciado de no meter a sus “iniciales” ante los culés), se dirigían a la autocrítica (la comparación de Pedro León con Zidane, las palabras a Canales y Granero, etc). Más que lanzar espinas se dedicaba a pedir un “9”. Muchas veces, incluso, se negó a responder a las palabras que le dedicaban.

Sin embargo, de ese Mourinho no se hablaba mucho por sus resultados, por el contrario, era el niño mimado del Madrid, y un colega más entre los técnicos, que no dedicaban mucho tiempo en fijarse en Mou, ni los jugadores a criticarle.

Este Mourinho tampoco tenía mayores problemas con sus directivos, jugadores ni colegas. Más de un medio de comunicación tenía que exprimir al máximo sus palabras para crear polémica, pero éste personaje no daba tanto de qué hablar.

Poco más de un mes del Clásico (que dejó demasiado que desear por los blancos) estamos viendo al Mourinho de antaño, con su eterna filosofía, esa que mostró allá por donde se le vio. Altanero, irreverente, con base y explosivo. Cito a Santiago Segurola cuando se refirió de Mourinho como un consentido. Pero este Mourinho va mucho más allá que aquel que conocíamos.

Mientras en Chelsea y Milan al míster se le concedían todas sus peticiones (al más puro estilo de presidentes con nuevorriquismo) y él, en retribución, cumplía con Derbis y copas, en Madrid se ha topado con un derbi mucho más difícil, una prensa mucho más radical y una presidencia y afición mucho más exigentes a quienes se les antoja un nuevo reto para el portugués: el uso de la cantera. Sobra, por supuesto, decir que este antojo se arraiga en Cataluña y está esparcido por todo el mundo, pero como los terremotos, es más fuerte cuando se está más cerca.

Este Mourinho 2.0, el de después del Clásico, se distingue por cargar contra quien le venga en mente: Ramos, Clos Gómez (quien, siendo sinceros, no pudo estar peor en el Madrid-Sevilla), Valdano (cuya relación con el míster parece haber sido satanizada desde el domingo), Benzema, Florentino, Barcelona, etc.

El míster blanco no ha terminado de darse cuenta que está frente a su reto más grande. Bien sabido es que en Madrid no pega un técnico soberbio, pero sí un ganador. Mourinho puede brillar en La Castellana, porque bastante se le estima, pero sus explosiones deberán ser más medidas. Mucho se le ha consentido para que no mida sus comentarios.

El famoso juego psicológico que Mourinho ha puesto en marcha desde su llegada a Madrid (y que desde que se le conoce utiliza a cada momento) ha acabado por causar en España un ejercito que carga contra él. Basta con notar que en menos de cuatro dias técnicos como Unai Emery; jugadores como Dani Alves (quien ya le tiene una guerra personal a Mou) y Luis Garcia; ex-jugadores como Cruyff, entre otros, han dedicado tiempo en reprochar a Mourinho y tentarle a responder.

Y es que el reto de Mourinho en la entidad blanca va más allá de los resultados; abarca la prensa, la afición, la calidad del juego, la deportividad y el respeto. A ver cómo nos llega el míster en enero…

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